Pensaba y pensaba. ¿Cómo estará la princesa? A veces caia en una inmensa tristeza recordando aquella piel tan delicada, aquella risa tan hermosa. Los abrazos. Las miradas. Su voz. Su fragancia. Sus vestidos. Sus manos. Los momentos. Los sueños que tenían, aquellos sueños que querían cumplir y que ya eran imposibles. Y en esos momentos en los que sentía que se quedaba sin aire y que el fundo no tenia continuidad, pensaba y dudaba si había tomado una decisión acertada. Nunca un amor había sido tan intenso, puro y sincero. ¿Por qué tenía que acabar? Muy simple, no podía permitir que su amada sufriera por su culpa. No podía. Quería su felicidad, y él no quería interponerse. Si, ella también le amaba, pero a la vez sufría. No quería que en su amor hubiera sufrimiento. No quería que ella sufriera. Pero luego, se enfada con él mismo por pensar aquello, por haber sido un poco débil durante esa reflexión, y volvia a afirmarse que había hecho lo correcto. ….
Quince años. Quince años y seguía amándola. Recordándola y soñándola. Vivía solo. No le importaba. Le acompañaba siempre el recuerdo de su princesa. ¿Sería reina ya? ¿Estaría casada? ¿Se habría olvidado de él? ¿Habría estado esperándole? Le daba miedo no encontrar ninguna respuesta, o encontrarla pero siendo la muerte de ella. Le aterrorizaba. Aunque no la viese, sentía que algún dia tendría la oportunidad de verla de nuevo. Varias semanas el pensamiento de perderla para siempre y de manera irremediable le atormentaba en su cabeza. Decidido. Decidió volver al lugar donde se encontraba su princesa.Y lo preparó todo.
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